La revolución haitiana (1791-1804) fue el primer movimiento revolucionario de América Latina y culminó en la abolición de la esclavitud en la colonia francesa de Saint-Domingue y la proclamación del Primer Imperio de Haití.
Saint-Domingue pasó de ser una colonia regida por un sistema de castas, la más rica posesión colonial de su tiempo, a ser el lugar donde se dio la primera y única rebelión de esclavos exitosa de la historia, además de ser una de las revoluciones más radicales.
La riqueza de la caña de azúcar gracias a la esclavitud en las Antillas produjo una mayor competencia entre las potencias europeas por la posesión de las islas. En 1603 los españoles abandonan la mitad occidental de La Española, permitiendo que veinte años más tarde comenzara la colonización francesa en la Tortuga. La concentración en el lado occidental se debió a los constantes ataques de piratas en el noroeste. Los galos estaban dirigidos por François Levasseur, quien fue muerto por sus hombres, deseosos de no quedar bajo el control parisino, habría que esperar hasta la expedición de Bertrand d’Ogeron para que los forajidos se sometieran. Durante los años 1660 sus asentamientos se expanden por la costa occidental mientras los ingleses en 1655 conquistan Jamaica; el poderío español en el mar Caribe se reduce a Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, todos territorios poco poblados y desarrollados. La colonia de boucaniers, «bucaneros», comenzó con una economía de subsistencia basada en la producción de café y añil a manos de los engagés, sirvientes blancos que seguían a sus patrones a la isla o presos que hacían trabajos forzados. Estos engagés quedaban libres a los tres años de servicio y convivieron cotidianamente con los primeros negros traídos por los économe, especialistas en la trata de esclavos. Sin embargo, en esas primeras etapas la principal razón de la existencia de la colonia eran los flibuste, filibusteros, que atacaban el comercio español: su botín financió las primeras haciendas. El 1680 el ministro Jean-Baptiste Colbert elevó los aranceles al tabaco, principal producto de producción de la isla. La mayoría de los propietarios quebraron y vendieron sus tierras, unos pocos las compraron y empezaron a producir azúcar, añil, algodón y café.
Todo el siglo XVIII existió un próspero comercio transoceánico en todo el Caribe que ni las guerras, ni la piratería, ni los desastres naturales pudieron detener. Después del primer tercio de la centuria se expandió un sistema de riego desarrollado en Francia, permitiendo que las plantaciones en Jamaica y Saint-Domingue pasaran de la pequeña producción local (rara vez superior a los cincuenta esclavos, como en Brasil, Martinique o Barbados) a grandes haciendas (con cientos de trabajadores). En consecuencia, tanto la riqueza de los amos como la población de esclavos aumentó.
Naturalmente, algunos esclavos huyeron a las selvas y montañas y se volvieron «cimarrones», marron. Cerca de un quinto eran mujeres. Podían vivir solos, en pequeños grupos y hasta en grandes poblados. Algunos huían para evitar un castigo y volvían cuando se les prometía el perdón, otros lo hacían conscientemente para ser libres. Usualmente se llevaban poca ropa y comida para ir ligeros, armas blancas y si podían una mula, caballo o canoa.6 Desconocían cómo les iría pero trataban de buscar a los pueblos de esclavos en zonas montañosas y selváticas aisladas. La mayoría huían al lado español, en las montañas meridionales de Bahoruco, zona donde se habían establecido los taínos que huyeron de las encomiendas españolas, específicamente Plymouth y Maniel. Organizados en pequeñas bandas atacaban pueblos y haciendas, motivando expediciones de castigo y recaptura, las que se mostraron inútiles y en 1785 las autoridades decretaron una amnistía a los cimarrones y reconocieron su independencia.8 Por esa época el cimarronaje descendió en número. Este fenómeno tiene sus símiles con lo sucedido en las montañas Blue de Jamaica, en la Guayana Holandesa, los palenques de Nueva Granada, América Central, Nueva España y Cuba, los cumbe de Venezuela y los quilombos de Brasil.
Finalmente, el Año Nuevo de 1804 se proclamó la independencia de Haití (o Ayití) con Dessalines como gobernador vitalicio, aunque el 8 de octubre se autocoronó emperador con el nombre de Jacobo I. Entre sus primeras medidas destaca la masacre de los criollos blancos que quedaban en Haití junto a numerosos mulatos. Entre 3.000 y 5.000 personas perdieron la vida y prácticamente apenas quedaron blancos en el país.
Sin embargo, las potencias de esa época no reconocieron inmediatamente la independencia de Haití y no perdonaron la revolución de los esclavos; se le impusieron bloqueos económicos y no se ayudó al desarrollo del estado (por ejemplo, EEUU solo reconoció la independencia de Haití en 1862).
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| Education | Upload TimePublished on 11 May 2018 |
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